martes, 1 de diciembre de 2009

La voz de tu nombre

- ¿Cómo decías que te llamabas?
- En ningún momento dije mi nombre, por precaución
- ¿De qué te escondes?
- Del daño, quizás.
- ¿Sin decir tu nombre?
- Por supuesto.
- No puedo entenderlo.
- Dirás que no quieres.
- No, es que no lo entiendo.
- Las experiencias palpitan, tienen pulso por sí solas. Recuerda alguna vez en la que te hayas hecho daño. Recuerda el dolor, el pálpito en ese lugar. Pues las experiencias son parecidas, si no son iguales. El daño también tiene su propio pulso, y acelera y decelera sin que le llegues a importar. Porque no lo controlas. Puede dominarte, porqué no…
- …
- ¿Has leído Amarse con los ojos abiertos?
- Sí.
- ¿Recuerdas el principio? Habla sobre los elefantes. Elefantes que están encadenados desde pequeños, y que, a esa edad luchan por soltarse. Pero dejan de hacerlo cuando son adultos. ¿Por qué? Porque lo aceptan, porque como la experiencia les dice que no han podido soltarse de pequeños, reniegan a intentarlo, lo asumen. Yo estoy encadenado a mi nombre, no me puedo soltar de él. Mi nombre es todo y nada. Soy capaz de recordar todo tipo de voces, me encanta escuchar una voz e identificarla sin mirar atrás.
- Eso me parece muy curioso.
- Eso a mi no me gusta nada. Mi memoria no es selectiva, y recuerdo hasta las voces que más daño me han hecho. Por eso no me gusta decir mi nombre…
- ¿Y la gente que quieres? Ya sabes, si uno se deja domesticar corre el riesgo de llorar un poco, pero… ¿Como te llamamos los que te queremos? ¿Los que queremos que te gires?
- Es injusto, pero es así.
- Sabes que en el fondo mientes, debemos arriesgarnos, esto es la selva, te tienes que defender… ¿Como vas a sobrevivir si no?
- Prefiero pasar desapercibido. Prefiero llorar en silencio. Prefiero ver al mundo feliz, prefiero ver esa sonrisa a ver una cara furiosa, desencajada, o más bien indiferente… Prefiero cuidarme a dejarme cuidar… Prefiero llorar solo a tener que hacerlo delante de alguien, y que ese alguien siga ahí por compromiso… No porque quiere.
- Y yo prefiero no pensar…
- ¿No pensar? ¿Prefieres sacar los dientes pero decides engañarte? ¿Eres feliz pensando en que él es feliz con otra, que él es el que te susurra al oído pero es ese que abraza a otra? ¿El que te rompe por dentro? ¿Por qué eres capaz de mantener así la compostura? Ahora soy yo el que no puede entenderlo…
- Es el miedo. ¿Hablas de experiencias que palpitan y no conoces al miedo? Es el miedo el que te rompe por dentro…
- No, no es así.
- Bueno, es posible… Simplemente hay palabras mal usadas. Hay palabras que requieren una situación... Fuera de contexto pueden no tener sentido o hacer mucho daño…
- Método infalible para sufrir uno mismo…
- ¡No! ¿Quieres entenderme? No sabes cuidar lo que quieres, por eso tienes miedo a decir tu nombre. Cuando algo va mal hay que saber encontrar la solución, y la solución no es alejarse siempre. Esa será tu solución, tu opción… Pero no la única. Hay más puntos de vista.
- La vida duele. El amor duele…
- Por fin empiezas a decir algo con sentido.
- Pero, ¿Hay más puntos de vista, no?
- ¡Eso es!
- Pero mi nombre en boca de otros también me duele.
- ¿Nunca te has propuesto arriesgarlo todo?
- Sí, pero ¿Y si sale mal?
- Hay riesgos que hay que correr. Siempre habrá lágrimas por llorar y sonrisas que enseñar. Siempre habrá miedos que sentir y dolores por los que sufrir. Al igual que personas que abrazar, y personas por las que se ha de callar...
- ¿Y lo haces por verle feliz?
- Lo haría todo.
- ¿Lo dices en serio?
- Sí, lo siento así.
- Pero a veces…
- A veces nada. Hay heridas que cicatrizan y otras que quedan por cicatrizar.
- ¿Y las que quedan abiertas de por vida?
- Déjalo estar.
- Yo podré, aunque dudo que tú puedas.
- Esto es así…
- Por cierto, me llamo…
- No lo digas, no te arriesgues. Alguien puede estar escuchando.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Sentir frío. Quizás morirse de frío.

Pero no, el dolor viene de más adentro.

Late con fuerza, alimentando cada extremidad.

Haciendo y dejando llevar, arrastrando.

Que ni habita ni vive. Ausente. Quizás, perdido.

Sueño. Tal vez insomnio.

Empatía. Dejadez.

El olvido: el vacío.

Hasta que el vacío no arrastra y devasta, muchas cosas en la vida pasan de largo, como a un autoestopista que espera un billete de regreso, una vuelta hacia quién sabe qué lugar.


Hoy alcé mi pulgar hasta lo más alto. No llegué a contar cuantos vehículos negaron mi presencia. Ni cuando volveré a ese punto de partida, en el que las flores dan alergia, el azul reluce, las palabras llenan, y las sorpresas están a la orden del día.


Se me olvidó pasar la página del cuaderno. Se me olvidó que las hojas cortan, y hasta se me olvidó leer. Se me olvidó que seguía aquí, al pie de la carretera. El aire azota con fuerza, y la tranquilidad y el sol de verano comparten tumba.


Al menos eso fue lo que dijo, aquel autoestopista que miraba siempre al sol, y que cruzó la carretera sin mirar hacia ningún lado, sin ni siquiera mirar atrás. Donde el pasado se enternece y duele.


sábado, 19 de septiembre de 2009

Manos frías...

Último aliento del sol veraniego. Ya casi agoniza. Ahora, el crujir de huesos impera en las calles. El frío llega con los hombros encogidos... Y el corazón caliente.

domingo, 23 de agosto de 2009

Eso era amor

Le comenté:
-Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
-¿Te gustan solos o con rimel?
-Grandes, respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.

Ángel González

viernes, 21 de agosto de 2009

Aniversario


Los aniversarios avalan el éxito. Pero la muerte no es un éxito.
Es imposible que manen palabras de la ausencia. Hay valientes que ya no pueden saltar ventanas ni enfrentarse a juegos de niños que no son tan niños. Tampoco aparentar que todo va bien cuando en realidad no se sabe cual va a ser el final. Ni entregarse por amor.


Al aniversario de un valiente


lunes, 17 de agosto de 2009

Retiro


Llevo casi un mes viviendo en domingo. Y no es demasiado bueno vivir siempre en el mismo día.

viernes, 14 de agosto de 2009

Dando palos de ciego

La ciudad corre. Se precipita en el abismo de la rutina, y no hace un descanso ni para coger aire. No espera a aquellos perdidos que algún día tuvieron el deber de hacer un alto en el camino, y allí quedaron impasibles, cual estatuas, en un lugar donde el polvo ya habrá pegado las suelas de sus zapatos al asfalto.
Y como rutina, se dedican a ver la ciudad pasar ante sus ojos... Al menos, hasta que decidan retomar el rumbo. O cansados, se dejen llevar por el tumulto de gente.

jueves, 2 de abril de 2009


Prefiero no pensar. Olvidé que es eso de "definir" y pretendo confiar en la mano inocente que se dedica a dibujar mi destino. Aunque a veces se salga del papel, o lo rasgue de tanto apretar... O lo desgaste de tanto borrar por equivocarse en el trazado.

martes, 3 de marzo de 2009

Concurso Maratón de Cuentos de Guadalajara 2009


A ver si la suerte llamase una mañana a la puerta de mi casa. Aunque preferiría que la aporrease sin pudor.

jueves, 26 de febrero de 2009

Que poco me gusta hacerme mayor

Me encanta cerrar los ojos, loca por evadirme, aunque no siempre pueda hacerlo. Porque la vida real nos lo impide. Cierra puertas con llave a los sueños y arranca las de la verdad. Y ahí estamos, medio perdidos en el limbo, tambaleándonos entre verdades y mentiras que no nos dejan ver las fantasías y las pequeñas cosas del día a día.

Y no se por qué andan empeñadas esas personas de trajes y cara gris, de sonrisas ausentes, en que sólo son bobadas. Que toman la vida en serio, la labran a base de sudor y disgustos, y como consecuencia se convierten en sacos de huesos crujientes.
No es tan difícil encontrar la belleza en la más mínima gota de lluvia.

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Por si me estuvieras leyendo, sé que nos damos cuenta de lo que valen las personas tarde, cuando ya ha pasado todo. Aunque, más mérito tiene reconocer el valor de esa persona cuando aún sigue ahí. Y sólo por eso, querer que permanezca siempre. Porque yo no me he ido a ninguna parte. Y porque sé que todos vosotros sois esas pequeñas cosas que merecen la pena.

martes, 10 de febrero de 2009

Una de sin sentidos, por favor


Durmiendo de día con los ojos abiertos, danzando despierto con los ojos cerrados, de estrella en estrella en una noche cerrada. Andar hacia atrás, subiendo al autobús que perdí hace cinco minutos, mientras con las manos en los bolsillos, intentaba tocar lo más hondo de tu corazón, habitante de un pecho vacío. El corazón peca de soñar ser un calcetín sin pareja, un reloj sin manillas, un vaso sin agua. Y en esta noche tan solitaria rodeada de tanta gente sólo se me ocurre soñar en vela mientras oigo pasar todas las horas en el reloj. Las sábanas son capaces de arrancarme la piel a tiras si logro enredarme una vez más en ese torbellino de emociones.

No será esta vez la primera, ni tampoco la última, que un puñado de viejos mecanismos aturdan mi sueño como quién quita un caramelo al niño que nunca pudo tenerlos.

O esconder los pies, o enterrar la cabeza…

El sentido de la vida es obligatorio.


miércoles, 21 de enero de 2009

¿Será hoy el día?




















Hoy me parecía ver tu cara en cada huella, y tu reflejo en cada charco. Parecía que me observabas desde lejos, aunque yo quisiera que fuera desde cerca. Cerraba los ojos y notaba tu respiración, intuía que me mirabas y sonreías, mientras disimulabas esa lágrima perdida en tus mejillas. Como siempre hacías. Siempre ahí, al pie del cañón. Me gustaría ser como tú, me gustaría saber de donde sacabas toda la fuerza que te caracterizaba, y que te hacía fuerte día a día.

Arrancaré la suerte y la dejaré secarse al sol. "Porque todo empieza cerca del final..."

domingo, 4 de enero de 2009

Domingo desnudo

Y no el último. Ni tampoco el primero. Quizás esta sensación sea llamada de otra manera, una vaga búsqueda más de las que he desistido. Y no por vaguería, sino por indiferencia. Siempre he pecado de indiferente, y ahora lo difícil es cambiar. Los cambios nos envuelven como un pequeño torbellino de arena en una playa abandonada: nos elevan hacia lo más alto, pero si decidimos abandonar la grata ocasión, el torbellino se torna neutral y nos ayuda a volver a poner los pies en el suelo. A veces esa ayuda no es tanta, y el sonido de la caída contra el suelo nos despierta del sueño de la monotonía. Esas ocasiones siempre llegarán a deshora, sin duda. O también sin aviso previo.
Allí se tambalean, medio vivas, medio muertas, en el limbo del porvenir.
'La ocasión la pintan calva, y hay que cogerla por los pelos'