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De regreso

De regreso al lugar del que partimos.
Al paso anterior.
Costumbres.
El papel higiénico ahora al otro lado.
Los interruptores, a otra altura.
Ahora el embrague del coche no es el mismo.
Ni la puerta de la nevera abre igual.
La cama está inundada de nostalgia.
Es mucho más pequeña.
Y más incómoda.
Pero tampoco hay un agujero negro al otro lado.
Ni ausencia a secas.
La botella del aceite de oliva gotea.
Y el perro ya no se sienta sobre mis pies mientras preparo la cena.
El pan es del día.
La fruta no se pasa.
Aquí, la nevera llena.
Allí, el corazón bastaba.
La ducha fría.
Ahora sola.
Allí todo cuestas.
Hasta el final de mes.
Aquí todo llano.
Hasta las miradas que no compartimos al vernos.
Ni siquiera dan tregua a los años que hemos estado juntos.
Miradas paralelas, que nunca se cruzan. 
Un medio compromiso.
Ingenuo.
Muy, mucho.
Aquí calor.
Allí frío.
El corazón igual.
(Más o menos.)
La luz no alumbra igual.
Ni los ojos. 
La soledad soñada no se parece ni de lejos a la falta real.

Tenemos que hacer algo.

Y ese algo contenía entero el universo.
Lleno de todas las posibilidades.
Las maravillosas.
Las eternas.
Las buenas.
Las aceptables.
Las regulares.
Las malas.
Las mediocres.
Las absurdas.
Las peores...

El todo.
La nada.

Y nosotros, en el corazón de todo ese desastre.
Quizás no te diste cuenta que empezabas con ventaja.
También lo estabas en el mío ya.
Me empeñé en abrazar demonios que no ardían por mí.
Se distancian. Me observan.
El hielo también quema.
"Tú no abrazas, tú taladras el alma" Diego Ojeda
No fui consciente de la gravedad del asunto hasta que descubrí que tú no me revolucionas las mariposas del estómago, tú las calmas. Tú me abres los ojos para ver lo bueno y lo malo, porque hay que aceptar el todo con su polaridad. Tú no haces que quiera huir, porque lo que quiero es quedarme para ver qué pasa.

...Y a ver si pasas.


Vértigo

Últimamente tengo la extraña sensación de despertarme sin una parte de mí.
Tengo miedo y no sé a qué.
Me siento vacía y rebosante a la vez.
Lo tengo todo y nada.
Me falta mucho y poco.

A veces el silencio es capaz de arrasar con todas las palabras.
Las que no nos dijimos. 
Quizás no nos hemos dicho todavía.
No ha llegado el momento.
O igual, no nos diremos nunca.
Y tarde o temprano,
queramos o no,
nos enredaremos juntos en esta vorágine.
Mía y tuya.

Y al despojarnos,
puede que tengamos que hacer leña de dos corazones caídos.
Será necesario arreglar esta ruina.
Recomponerse o renacer.
Y entonces los arrasados seremos nosotros.

Y lo bueno de hacerse añicos de la emoción, es que es necesario.
Es necesario que la vida se nos caiga al suelo de esta manera,
duela o no,
porque así sabremos qué trozos recoger
y cuáles debemos dejar abandonados para siempre.

Mujer empoderada

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Creo que estoy incubando algo.
Soy yo misma.
Emerjo.
Nazco.
Crezco.
Creo que me voy a parir a mí misma.
Fecundada la idea.
Brillante mi luna.
Albergo el sol que amanece.
Porque yo le doy claridad al día,
a la vida,
soy el alba.
Y amanezco, me elevo, me escondo y en la oscuridad me creo y me destruyo las veces que haga falta.
Brillo. Destello. Me permito. Decrezco. Me escondo.
Soy cíclica.
Abrazo mi poder.
Y hago mi siembra.
Planto mi semilla.
Que fluye hasta las entrañas de la pachamama.
Nutre la tierra.
Vibran las raíces.
Se expanden.
Y hasta allí me arrastran.
Y me llevan al mismo sitio,
me devuelven más allá
en un vaivén de olas,
calmas y agitadas.

Me alejo cada vez más acercándome a quién debo de ser y no soy, ni he sido.
A mi verdadera versión incipiente bajo este cascarón.
A descubrir mi verdadero sentido en la vida.
A la plenitud.
A mí yo más profundo.
Mi mujer más empoderada.


"He andado buscándote durante todo este tiempo..."

Y todo el tiempo, había estado aquí. 


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¿Y por qué no soplamos margaritas en vez de dientes de león?

Soplaría huracanes con el deseo de quererme a mí misma
más de lo que nadie pudiera hacerlo.

Dejando salir con fuerza todas las palabras desde mi interior,
olvidándome en cada giro de todo lo que me sacude sin yo quererlo.

Desde mis profundidades.
Mi sexto chakra.
El tercer ojo.
El ojo del huracán.
Como si la pachamama, tan sabia, augurase lo evidente.

Un ciclón en femenino y en plural,
disfrutando de cada soplido,
despeinando las margaritas y dejándome despeinar a mí también.

Olvidaríamos el canto del "me quiere, no me quiere"
Por que no cabe duda de quién me quiere más en el mundo.

Así no tengo que mutilarle las hojas en cada pregunta
ni yo arrancarme la piel de incertidumbre en cada respuesta.

Por tu naturaleza curativa
muchos corazones se abrazan a tí.
Mal amor si arrancan dubitativos tu corona.
Aún siendo conocedores de lo evidente.
...Que lo es.

Y al menos ambas disfrutamos,
con su existencia y con la …