martes, 5 de junio de 2018



Llega la vida y te lo dice.
Espera.
A veces eterna.
Llega, pero se va.
Te abandona, y vuelve.
Ocasionalmente efímera.
Intensa.
Muy lenta.
Quizás no llega nunca...
O te atrapa de repente.

...y qué bueno que viniste.

domingo, 27 de mayo de 2018

Giros.
Caídas.
Las esquinas dobladas.
Pensamientos repentinos.
El no juicio.
Las mejillas de color rojo.
Contar lunares.
Los ojos al sol.
Los abrazos de la gente que no aprieta.
La 3ª desafinada.
La mirada del cuadro de la chica que nunca mira al frente. 

¿Saber o sentir?
Las marcas del sol.
La lluvia en primavera.
De corazón, hacia abajo.
Las constelaciones que forman tus pecas.
Catarsis.
El codazo de la felicidad.
La sensación de desvelo.
El bailar de la llama de la vela.
La flor casi seca.
Las preguntas de Google.
El olor del suavizante de la ropa recién tendida.
Los cambios de tercio.
El olor de las personas.
La cama sin hacer.
Las formas del gotelé.
Vaciar la cisterna.
Huir del sofá.
Acurrucar un libro antes de dormir... pero esta noche no.

domingo, 6 de mayo de 2018


A veces, una tiene que recorrer 1240 km para darse cuenta de que no todo es lo que parece. 
Que nada tiene por qué salir como planeamos. 
Que el caos también hay que abrazarlo. 
Que no soporto ir más de 5 horas seguidas en un tren sin varios libros. Ni el baño. 
Que es difícil hacer acogedor un lugar temporal. 
Que cuando algo me da mucho asco muevo mucho las manos. 
Y últimamente rara vez me pongo la ropa interior bien. 
Me encanta que dibujen una cara sonriente al lado de mi nombre en el vaso de café de Starbucks. 
Y que de todo el lugar, mi vaso sea el único que la tiene. 
Me encanta ver la cara de la gente que se acuerda de algo y sonríe como tonta. 
Me hacen sonreír a mi también. 
Me gusta colgarme la cámara analógica y recorrer calles estrechas. 
Adaptarme a cualquier imprevisto. 
La tradición de Sant Jordi.

La idea de disfrutarla alguna vez con alguien.
La moda de la ciudad. 
Me encanta el panot de flor. 
Que los guiris piensen que soy extranjera.

Sentarme en el balcón de la pensión y ver la gente pasar, mientras que la pareja gay del piso de enfrente entrelaza sus piernas en el sofá.
Me he dado cuenta de que cuando me enfado no me gusta andar. 
Y que no me gustan los tumultos. 
Ni los carteristas de las ramblas.
He aprendido a saborear la cerveza de otra manera. 

Que en la Sagrada Familia se respira paz. 
A echar de menos una infusión caliente antes de dormir. 
O mi baño. 
Me encanta que muchas mujeres estemos despertando. 
Que bailemos, abracemos y miremos a los ojos. 
Y que haya hombres que también quieran hacerlo. 
Y lo hagan.
Y se sienten junto a nosotras. 
Que hay personas de las que te acuerdas muy fuerte y otras tantas que ya no, 
y no pasa nada. 
Y todo está bien como está.

Porque todo lo que pasa, es perfecto.

domingo, 18 de febrero de 2018

Hay momentos en la vida en los que no sabes.
Eres eterna duda.
No hay nada peor que eso.
Y te alejas de mucho, por no decir de todo.
Para no hacer daño.
No sabes si a tí mismo o al de enfrente.
Y todo se vuelve un eterno tambalearse.
Y de las sacudidas, ruinas.
Alrededor un todo por construir.
Puede que, cuando todo se cae,
Solo lo más importate resista en pie.
Los pilares de tu vida.
A veces los conoces.
Y otras veces, te sorprendes.
Por ver lo que no imaginarías nunca.
A quien no imaginarías nunca.
Y te quedas ahí, sobre todo vestigio de tu vida,
mirando fijamente a quién fue,
que no sabes si será,
ni si querrá ser.
Y la chispa te vuelve a encender toda pasión que creías cenizas.
Y no sabes si rezar para que te sacuda el viento...
Bien para que termine de llevarse todo,
o para avivar la llama que un día ardió.
Y de qué manera.

Deseo concedido: huracán.
Y no te da tiempo a reaccionar: adiós dudas.
Entonces, y solo entonces, hay momentos en la vida en los que sí sabes.
Y esos momentos, saben a tí.

lunes, 29 de enero de 2018

Enciende y quédate.

A ratos,
Siento que atisbos de luz vienen.
Parpadean.
Y se van.
Justo por el mismo sitio por el que tú te fuiste.
Intermitentes.
Llegas, pero no te quedas.
Te marchas, pero no dejas de aparecerte.
Y yo no quiero un amor
Que ahora si,
Y ahora no.
Ahora sí,
Ahora no...
Yo quiero un torrente de luz cómplice.
Quiero que las sombras tomen forma.
Y tener conciencia de ellas.
Aunque eso suponga no volver a mirarlas a los ojos. 
Pero porque siempre van a estar ahí.
Ignorarlas no nos van a hacer más felices.
Pero era lo fácil.

Y tomamos ese placebo.
Temporal.
Y como resultado: tormenta. 

Pues ahora apaga.
Y sin el plural...
Vete.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Hoy me he acordado de todos los sitios a los que no iremos a comer, aunque me lo prometieras.
Siempre lo dejábamos para otra ocasión.
¿Y ahora, que no va a llegar nunca?
De lo que no me pedirás la noche de año nuevo delante de todos.
De la ilusión que ya no está.
De las promcesas que nunca llegaron. 
De las veces que tuve que ponerme la venda.
Y mirar hacia otro lado para que no doliera.
Del tatuaje que no llevaremos juntos.
De las veces que ha hecho estragos en mí el peso de mantener el calor del hogar.
De las veces que me escuchó el perro, porque no me escuchaba nadie más.
De los momentos en los que me sentí sola con la casa llena de gente.
En los que no pude apoyarme.
De la despedida que no pude afrontar con Chico, porque no quería que se fuera de mi vida.
De todas las veces en las que tuve que callar.
Y entendí que si tenía dos hombros, eran los míos.
De las veces que me aguanté un beso.
De los besos que no te podía dar en público o de las veces que soltaste mi mano.
De las fotos que te tomabas con los demás.
Del alarde que hacías de ellas.
De las que evitabas conmigo o te has puesto justo al otro lado.
De los ratos que no hemos compartido.

Pero también me he acordado de la risas.
Del acurrucarnos en las noches de invierno, o de las peleas en el sofá cuando la chimenea estaba encendida.
De la anécdota del pedo aquella noche. 
De los paseos con el mejor perro del mundo.
De las carreras. De los madrugones.
De las sorpresas.
De los brindis.
De las notas en la nevera.
De la magia.
De las cañas.
De Asturias o Barcelona.
De todo... 

Y de la nada, un millón de cosas.
Todo repartido en la balanza.
La diferencia es que ya no miro de que lado cae.





jueves, 17 de agosto de 2017

De regreso

De regreso al lugar del que partimos.
Al paso anterior.
Costumbres.
El papel higiénico ahora al otro lado.
Los interruptores, a otra altura.
Ahora el embrague del coche no es el mismo.
Ni la puerta de la nevera abre igual.
La cama está inundada de nostalgia.
Es mucho más pequeña.
Y más incómoda.
Pero tampoco hay un agujero negro al otro lado.
Ni ausencia a secas.
La botella del aceite de oliva gotea.
Y el perro ya no se sienta sobre mis pies mientras preparo la cena.
El pan es del día.
La fruta no se pasa.
Aquí, la nevera llena.
Allí, el corazón bastaba.
La ducha fría.
Ahora sola.
Allí todo cuestas.
Hasta el final de mes.
Aquí todo llano.
Hasta las miradas que no compartimos al vernos.
Ni siquiera dan tregua a los años que hemos estado juntos.
Miradas paralelas, que nunca se cruzan. 
Un medio compromiso.
Ingenuo.
Muy, mucho.
Aquí calor.
Allí frío.
El corazón igual.
(Más o menos.)
La luz no alumbra igual.
Ni los ojos. 
La soledad soñada no se parece ni de lejos a la falta real.
Habrá que deshacer este nudo que hemos estado haciendo.
Y deshacerlo supone volver a pasar por todas las fases hasta llegar al principio.
Tomando el dolor como pistoletazo de salida hasta llegar al idilio.
A ese lugar donde nos quedaríamos para siempre. 
Principio de principios que ahora supone final.
Tomando conciencia en cada salto, en cada hebra...
Estos son los resquicios de la relación.
La toma de conciencia del cambio.
La bienvenida a la nueva vida.

Sin tí. Sin nosotros.

Llega la vida y te lo dice. Espera. A veces eterna. Llega, pero se va. Te abandona, y vuelve. Ocasionalmente efímera. Intensa. Muy ...