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Mostrando entradas de julio, 2017

Tenemos que hacer algo.

Y ese algo contenía entero el universo.
Lleno de todas las posibilidades.
Las maravillosas.
Las eternas.
Las buenas.
Las aceptables.
Las regulares.
Las malas.
Las mediocres.
Las absurdas.
Las peores...

El todo.
La nada.

Y nosotros, en el corazón de todo ese desastre.
Quizás no te diste cuenta que empezabas con ventaja.
También lo estabas en el mío ya.
Me empeñé en abrazar demonios que no ardían por mí.
Se distancian. Me observan.
El hielo también quema.
"Tú no abrazas, tú taladras el alma" Diego Ojeda
No fui consciente de la gravedad del asunto hasta que descubrí que tú no me revolucionas las mariposas del estómago, tú las calmas. Tú me abres los ojos para ver lo bueno y lo malo, porque hay que aceptar el todo con su polaridad. Tú no haces que quiera huir, porque lo que quiero es quedarme para ver qué pasa.

...Y a ver si pasas.


Vértigo

Últimamente tengo la extraña sensación de despertarme sin una parte de mí.
Tengo miedo y no sé a qué.
Me siento vacía y rebosante a la vez.
Lo tengo todo y nada.
Me falta mucho y poco.

A veces el silencio es capaz de arrasar con todas las palabras.
Las que no nos dijimos. 
Quizás no nos hemos dicho todavía.
No ha llegado el momento.
O igual, no nos diremos nunca.
Y tarde o temprano,
queramos o no,
nos enredaremos juntos en esta vorágine.
Mía y tuya.

Y al despojarnos,
puede que tengamos que hacer leña de dos corazones caídos.
Será necesario arreglar esta ruina.
Recomponerse o renacer.
Y entonces los arrasados seremos nosotros.

Y lo bueno de hacerse añicos de la emoción, es que es necesario.
Es necesario que la vida se nos caiga al suelo de esta manera,
duela o no,
porque así sabremos qué trozos recoger
y cuáles debemos dejar abandonados para siempre.