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Y tenía la cabeza llena de mujeres

- Todas las musas son una mujer - dijo ella - y no están personificadas, son una ilusión y están aquí - dijo señalando concienzudamente su cabeza a ritmo de 4/4 con el índice.
No dormía porque la tierra temblaba a sus pies. Soñaba despierto y se soñó héroe. Y lo fue, efímero pero muy intenso.
-          - Un café solo, bueno más bien a solas, por favor.  La mesa parece haberse quedado helada. Una ausencia, con ganas de jugar, la recorre de punta a punta y por traviesa termina por caer al zapato derecho de la camarera, con un salto casi perfecto. Se dirige hacia la puerta y no tengo más remedio que ir en su busca. Parece que su perfume me tiene totalmente presa. Pero me pierdo, y la pierdo a ella. No sé bien si eso es bueno o malo, pero me afirmo sin dudarlo y sigo con la tarea, ardua, pero a la vez intrigante.  Los pasos solitarios ya no caben en mi libreta; los gritos terminan por romper las hojas. Los pájaros ahora parecen estar encadenados y no sé bien a qué. Casi no dicen ni adiós, y se me quiebra la voz. Y no podía avivar la llama, parpadeante, que parecía saborear esos escasos segundos de vida porque se me quebraba la voz.  No sé qué hacía yo buscándola, si las ausencias… Ausencias son. Y se fuero...

La luna colecciona finales de sueños

Antes de lanzarnos de cabeza a la noche estábamos sentados en el tejado, si recuerdas, mirando las estrellas. La luna, de grande y llena que estaba, parecía que nos abrazaba.  - Parece que guardan secretos. Parece incluso, que se los andan contado a escondidas, les da igual que la ciudad duerma o esté espabilada; que les miremos o que les ignoremos: vamos a seguirles, ¡Yo no sé si viene o va el secreto! Esa mirada suya, clavada en mis ojos, fue la mirada más rara pero más placentera que he recibido en mi vida. En sus ojos cristalinos se reflejaba mi locura pero aquella sonrisa me gritaba: - No sé por qué pero vayas donde vayas, te sigo.   ¡A mí me tenían en vilo! Y mientras ellas seguían cuchicheando. Los matutinos rayos de sol nos descubrieron saltando por los cables de la luz que rodeaban todo el barrio y viajaban a través de la ciudad. No conseguimos ni una pista, ni una palabra de los postes del alumbrado. Y lo que bien empieza... Pronto debe acabar. A v...
Madrid. Calle de Echegaray. Corrían. Corrían tan felices y libres que parecía que sus almas eran posesión del viento, o quizás que les perseguía el mismísimo diablo. Se abrían paso entre el tumulto de gente de forma precipitada. Corrían mucho, pero no parecían perseguir nada ni tener un destino. Corrían por correr. O quizás era eso, se sentían verdaderamente libres. La chica vestía una falda negra con topos rojos que al saltar dejaba al descubierto unas piernas preciosas, aún dejando a la imaginación trabajo por hacer. Ambos dieron a la vez un salto en el que pareció que tiempo, espacio y gravedad estaban de su lado. Por un momento todo pareció congelarse. Él vestía una camisa blanca, un tanto desabotonada, que junto a su sombrero negro hacían el aire del barrio un poco más bohemio todavía. A su paso, no podían esquivar a todos los transeúntes de la Calle de Echegaray. Algunos sonreían, los ancianos se paraban a maldecir a la juventud, que va como loca; otros se sentían enfadado...

Como el ciego que no quiere ver...

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Decisiones. Las decisiones siempre me han parecido cosas de mayores. Pero el tiempo pasa, y un día te miras al espejo y ves a otra persona. El viaje es largo pero la esencia está ahí, no es algo que pueda ignorarse. Renovarse o morir. No puedo despertarme por las mañanas pensando que ya no existes como el que eras, esa decisión no es mía. Toda tuya. Me renuevo, vivo, sonrío buscando esas pequeñas cosas... Pero los sentimientos no se pueden enterrar así como así. Mi corazón late fuerte y muy rojo aunque la ausencia sea tu último estallido y obra final. Se cerró el telón pero la historia sigue viva en los espectadores, que aplauden con ojos llenos de alegría esperando cualquier movimiento, cualquier seña para no abandonar su asiento y volver a la peligrosa rutina. Y sin embargo, esa pequeña niña azul sigue viva. He ahí la magia. Abandoné mi asiento, y aunque muera más veces de las que me renueve... Mantengo la historia viva. Siempre, siempre... En el corazón. No por creer abandonar esos ...

Hasta mi cámara te echa de menos

Las crisis son inevitables. Los tiempos para pensar son eternos. Las prisas nunca fueron buenas compañeras. Las decisiones no siempre son correctas. Cuando aparecen las nubes, el pesimismo está a la orden del día. No siempre los planes salen bien. Las decisiones precipitadas agobian demasiado... Y cuando te das cuenta de todo esto, la esperanza y la alegría comparten tumba. Odio tener la sensación de llegar tarde a todos los sitios.