Un sitio bohemio. Se respira magia. Un señor calvo en la mesa de enfrente se dedica a tararear la canción que nos rodea mientras hace algunos apuntes y pequeñas pausas para dar un par de tragos a su cerveza sin alcohol. En el sofá de al lado, unos amigos hablan. Es el segundo té de ambos, debe ser que hace mucho tiempo que no se ven. A mi izquierda dos chicas hablan y al fondo... una pareja enamorada. ¿Por qué lo sé? Porque ella está con los codos apoyados en la mesa y sus manos sujetan delicadamente su cara. Incluso si me apuras, también sujetan su mirada dulce y brillante. Otra pareja entra por la puerta, no hay sitio, se dirigen a la barra. Doy el penúltimo trago de café. Está frío y me acuerdo de esa amiga a la que le dan escalofríos cuando el café se cansa de esperar caliente. Y ella... Ella está en la mesa de la ventana. La mejor mesa. Mira por el cristal, aunque no puedo cerciorarme de que esté mirando a la calle. Quizás mira más allá. Incluso llego a pensar que no mira hacia af...
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Deja la ventana abierta esta noche...
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Deja que me cuele en alguno de tus sueños; Deja que te bese en la nuca mientras duermes; Deja que note como tu piel se pone de gallina; Deja que vea como te haces el dormido; Déjame, después de esto, ver tu sonrisa; Deja que te acaricie y que dibuje con mis dedos por tu espalda; Déjame soñar despierta. Y si no es mucho pedir... Deja la ventana abierta esta noche.
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En la oscuridad, sólo se distingue una luz y un traqueteo constante.
Ella sabe hacer virguerías con esa antigua máquina de coser.
Lleva mil noches en vela, tiene callos en los dedos y reseca la piel. Cada vez que su cuerpo tiembla debido a los incesantes escalofríos, las pieles muertas caen como las hojas inertes de los árboles en otoño.
El silencio impera en la sala. Los pies dejan de darle vida a la máquina, y toda su atención se centra en esas pieles. - El trabajo se complica un poco , piensa. Con el alma desempolvada, la esperanza le da un respiro -se lo merece- y una leve brisa en la nuca le devuelve a la realidad y al trabajo.
Recomponerse es posible.
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La vida me tiñe de gris las pupilas. Quizás merecidamente, con honores y medallas de hojalata, oxidadas por el frío y salado azul que brota del lagrimal. Anoche me dejó. Anoche se fue. Dejó la ventana abierta por si la ilusión se animaba a salir con él. Se fue todo. No quedó nada. Quizás sí, una nota diciendo que volvería... ...algún día. Ahora soy una más. Estoy aquí y soy igual que tú. Soy una más en el montón del mundo. Peter Pan se fue de casa.